¡No es para tanto!…
¡Sonríe hombre!, que la vida son dos días…
¡Con todo lo que tienes y te quejas!…
¡Como vuelvas a enfadarte, castigado estás!
Y mientras tanto, voy creciendo y voy dejando atrás esa piel que me ha visto crecer, suave, aterciopelada, con una elasticidad asombrosa, brillante y radiante. Esperaba que, como dicen, el tiempo fuera tejiendo arrugas en mi piel, pero al mirar, veo que no ha sido así. Ahora tiene un tono rojizo, casi marronáceo, está rugosa, ha perdido su brillo, está fría y huele a metal. Ya no siento esa libertad de movimiento y siento que mis pasos son más pesados, torpes y ya no bailan al son de mi alma. Ya no me siento de carne y hueso, ahora soy de hojalata y siento que me he oxidado.
Lo que todxs buscamos en lo más profundo de nuestro Ser es ser aceptados, reconocidos y amados, y desde bien pequeños aprendemos y desarrollamos todo tipo de mecanismos que nos garanticen justamente eso. Ante un ¡No llores!, aprendemos que esa reacción que proviene de una emoción determinada no es bien vista ni aceptada en nuestro entorno, con lo cual “llorar” provocará un rechazo que evitaremos a toda costa para que mamá y papá nos quieran. Para evitar el llanto, nuestro cuerpo se tensará apretando la mandíbula, cerrando el cuello y literalmente “tragaremos nuestras lágrimas”.
Cuando crecemos en un entorno donde una emoción o varias de ellas no pueden ser expresadas se produce una tensión muscular localizada que se cronifica con el paso del tiempo y se “lleva puesta” como una actitud ante la vida. Este bloqueo se traduce en una manera de pensar y de pensarse a sí mismx que niega determinadas emociones y que mantiene a la persona lejos de sus experiencias más profundas.
“Solo las lágrimas de auténticos sentimientos te liberaran de tu armadura”
El Caballero de la armadura oxidada. Robert Fisher
El reconocimiento de las propias necesidades y la toma de contacto con esas emociones atascadas en nuestro interior, son el primer paso para liberarnos del peso de nuestras armaduras. Para retirar ese óxido y brillar de nuevo, no hay nada mejor que oxigenar espacios, desahogar tensiones, llorar…
En el terreno de la relación mente-cuerpo ha influido notablemente Wilhelm Reich, un médico psiquiatra contemporáneo, discípulo de Sigmund Freud. Reich descubrió que las experiencias emocionales de las personas han cortado su fluidez, constituyendo bloqueos musculares (corazas de carácter).
La coraza es ese muro interior psicoemocional y físico anclado en la musculatura que impide el flujo de energía vital y que bloquea el contacto con el exterior y con nuestro Ser. Un muro para protegernos de la frustración que nos mantiene temerosos de nuestras sensaciones y perpetúa una sociedad rígida y antivital.
“Ponemos barreras para protegernos de quienes creemos que somos. Luego un día quedamos atrapados tras las barreras y ya no podemos salir”
El Caballero de la armadura oxidada. Robert Fisher
Todos, de algún modo, amanecemos cada día con nuestras propias armaduras oxidadas. Esas en las que camuflamos realidades internas no resueltas, resistencias que nos limitan y que apagan nuestro auténtico Ser.
Reich identificó siete segmentos primordiales de la coraza: el ocular, el oral, el cervical, el torácico (incluidos los brazos), el diafragmático, el abdominal y el pélvico (incluidas las piernas y los pies). En otro artículo te hablaré de ello con más profundidad.
En definitiva, con el paso del tiempo y de manera muy inconsciente, nos vamos convirtiendo en El caballero de la armadura oxidada, incapaces de acceder al tesoro que habita en nuestro interior. Esta fantàstica obra de Robert Fisher nos deja grandes aprendizajes (que recopilo en las citas de esta publicación) a través de sus personajes y experiencias donde el protagonista, cautivo de sí mismo se lanza a un viaje de iniciación espiritual y transformación donde liberarse de múltiples barreras y seguir su misión. Con él, nos recuerda que también nosotros tenemos la misión de hallar nuestro propósito de vida, pero antes tenemos que liberarnos de nuestras armaduras.
Tomo consciencia de lo que es realmente importante…
Expreso las emociones tal y como vienen…
Me mantengo en el aquí y ahora…
Cultivo mi amor propio…
Tomo el silencio como canal de escucha….
Y mientras tanto, cuando creía que iba a ser de hojalata para siempre, empiezo a sentir una fuerza en mi interior que se abre camino a través de mi piel. Siento que el óxido se resquebraja, que mis pasos se vuelven más ligeros y ya no huelo a metal. Ahora siento que vuelvo a ser de carne y hueso y así siento que puedo Ser.
